Visitantes del Cabaret

viernes, 18 de julio de 2014

El destino de los mellizos

Siendo como éramos, hermanos mellizos, mi hermana Sarah y yo siempre habíamos tenido una relación muy estrecha y por eso sabía que estaba teniendo una aventura con uno de nuestros compañeros en La Corporación. Pese a todo, su propuesta me sorprendió, pero no pude negarme. Ella siempre había estado ahí cuando mis relaciones fracasaban una y otra vez, así que en cierto modo sentía que se lo debía. Su marido estaba fuera de la ciudad en un viaje de trabajo, y ella quería tener el fin de semana para disfrutar con su amante... pero tenía que asistir a una gala benéfica. Pero ella tenía la solución. La Corporación, para la que ambos trabajábamos, había desarrollado un suero experimental que podía alterar el ADN, y como los nuestros eran similares, una dosis suficiente podría convertirme en una copia idéntica de ella. Pensaba que todo aquello era una locura, pero al mirarme al espejo, pude comprobar que Sarah y yo éramos ahora como dos gotas de agua.


Mentiría si dijese que me aburrí en aquella gala. Nada me había preparado para ser tratado como Sarah. Quiero decir, comportarme de manera femenina era algo natural con el cuerpo que ahora tenía, pero que el resto del mundo me tratase como un hermosa mujer... eso era algo para lo que no estaba preparado. Era intoxicante, adictivo... y fantástico. Cuando llegué a casa, no pude dejar de imaginarme que hubiera pasado si no me hubiera limitado a flirtear con todos los hombres que se me habían insinuado... Pero estaba demasiado cansada y caí dormida casi al instante.


Al despertame a la mañana siguiente, pude comprobar que sólo quedaban un par de horas para que se disolvieran los efectos del suero y mi cuerpo recuperase la normalidad. Decidí tomármelo con calma hasta que mi hermana regresase. Estaba preparándome el desayuno cuando escuché un ruido procedente de la habitación de invitados...


Y entonces vi al marido de mi hermana... "Adelantaron mi vuelo, así que llegué de madrugada. No quería despertarte y me quedé en la habitación de invitados... te he echado de menos, ¿sabes?" Y diciendo eso, se colocó a mi espalda, presionando su polla erecta sobre mis nalgas... y bajándome la camiseta para acariciar uno de mis pechos...


Debería haberme resistido, lo sé, pero aquella situación me había cogido por sorpresa. Primero su mano sobre mi pecho hizo que mis pezones se endurecieran, luego sus besos sobre mi cuello... apenas podía sostenerme en pié, me sentía tan débil, tan a su merced, tan excitada, que fui incapaz de oponer resistencia cuando me tomó en sus fuertes brazos y me puso sobre la mesa de la cocina.


Cuando dejó de besarme los pechos, por un instante me sentí vacío... pero entonces me abrió de piernas... me manejaba a su antojo, era como un juguete para él. Fue entonces cuando de verdad me sentí como una mujer. Recordé mis pensamientos de la noche anterior justo en el momento en el que el marido de mi hermana enterraba su rostro entre mis muslos y con su lengua me regalaba el orgasmo más intenso de toda mi vida...


Sarah era una mujer afortunada al tener un marido así, pero yo era Sarah durante unas horas más así que, en realidad él era MI marido. "Sigamos en el dormitorio..." me dijo, y comenzamos a subir las escaleras. Pero yo estaba demasiado excitado como para llegar arriba sin sentir de nuevo aquella polla dura que había notado antes. Nunca me habían gustado los hombres, pero necesitaba devolverle una mínima parte del placer que él me había proporcionado, así que me abalancé sobre él y le desnudé allí mismo en las escaleras...


En aquellos momentos, no tenía muy claro quién era yo, ni siquiera si lo que sentía era mío, o era la excitación de Sarah la que me invadía. Pero entonces me dí cuenta de algo, Sarah no estaba allí, sólo yo. Y aquel hermoso hombre tenía una erección de caballo, estaba empalmado por mí, no por ella. Eso me hizo sentirme bien, y me lancé sobre aquella polla, sin pensar, sólo era algo que tenía que hacer.


Recordé como mi última novia me comía la polla, era una experta, e imité sus movimientos. Al principio sólo quería que él disfrutase, pero sus gemidos de placer me estaban afectando. Notaba como mi entrepierna seguía humedeciéndose e incrementé el ritmo. Sus gemidos se hacían más fuertes y entonces jugué mi baza ganadora: sin dejar de chupar, clavé mis ojos en él... y pude ver como se excitaba más y más, hasta que, con dificultad, me dijo: "Espera, por favor, Sarah, no quiero correrme aún. ¡Esta ha sido la mejor mamada de mi vida, pero hoy necesito follarte en nuestra cama...!". Cada vez que me llamaba Sarah algo se estremecía en mi interior. 


Me tomó en sus brazos y subimos el resto de las escaleras. Me sentía como un juguete en sus manos, nunca habría imaginado que fuera tan fuerte. Ni siquiera me daba cuenta de que era yo el que era ahora más pequeño. Él se tumbó sobre la cama, boca a arriba, con su verga tiesa como el mástil de una bandera. No tuvo que decir nada, él y yo sabíamos lo que estaba por llegar... me encajé su polla dentro de mí, y comencé a subir y bajar sobre ella, cada vez dejando que entrase un poco más, un poco más, y más, y más...


Al principio era él quien marcaba el ritmo, pero pronto fui yo, quien decidió llevar la iniciativa. "Quiero notar cómo me la vas metiendo, quiero notar cuánto me deseas...", dije entre jadeos de placer. "¡Quiero que grites mi nombre mientras me follas! ¡Dime cuánto me necesitas, amor!". ¿Pero qué estaba diciendo? Una cosa era dejarme arrastrar por el placer, e intentar olvidar esto, una vez que mi cuerpo recuperase la normalidad, y otra bien distinta que me llamase Sarah... ¿Acaso lo que realmente me excitaba era que pensara que yo era mi hermana? ¿Que se estaba follando en realidad a su esposa?


"Sarah, nunca te habías movido así, es como si fueras otra persona... me gusta. Me gusta hacerlo así, más de lo que nunca me ha gustado al hacerlo contigo", dijo él en voz baja mientras me atraía de nuevo hacia sí. Aquellas palabras desataron algo en mi interior y entonces sentí el impulso de hacerle feliz. Miré el reloj de la mesilla de noche... ¡Habían pasado las dos horas! ¡Y mi cuerpo seguía siendo una copia perfecta de el de Sarah! Pensé que probablemente el intercambio de fluidos había alterado de algún modo mi química corporal, retrasando el cambio. Y me dí cuenta de que no estaba preocupado, que realmente agradecía la posibilidad de seguir siendo Sarah un poco más, sólo un poco más, sólo mientras durase aquella sensación de felicidad que crecía en mi interior.


Le besé con pasión. Le besé con deseo. Tener su lengua dentro de mi boca era para mí tan íntimo como cabalgar su polla. Era el primer hombre al que besaba y estaba atrapada por su ruda ternura, por la forma en la que me atraía hacia sí. Por ser a la vez, la parte débil, y quién tenía el dominio de la situación. "Sarah, hoy me has hecho recuperar la felicidad y por eso quiero que sientas una mínima parte de lo que yo experimento ahora", me dijo entre beso y beso, mientras comenzaba a mover sus caderas, introduciéndose otra vez dentro de mí. Y el placer regresó de manera gradual, lenta y constante. "Sarah... oh Sarah... mi vida... Sarah". Sus palabras y su polla me hicieron encontrarme de nuevo a las puertas de otro orgasmo, que él prolongó como un experto. Mi hermana era muy afortunada.


Mientras  recuperaba el aliento notaba como seguía asomándome a un abismo desconocido al que él me conducía de la mano, y ante el que yo me dejaba guiar. Su tono, entonces, se hizo más tierno, casi dulce. Algo que tomó por sorpresa: "He de confesarte una cosa. Sé que no eres Sarah, sé que eres su hermano... pero no te preocupes, quiero que tú seas Sarah, ella nunca me había hecho sentir así". Me dijo al oído mientras enterraba una vez más su trozo de carne en mí. "Tu hermana está muerta, tuvo anoche un accidente de tráfico con su amante. Ninguno de los dos sobrevivió. Y es probable que tú nunca vuelvas a recuperar tu cuerpo".


"La policía se puso en contacto conmigo y por eso regresé antes de mi viaje." Me contó muy serio. "Después de identificar su cuerpo llegué a casa y tú estabas dormido en esta cama. Después del shock inicial, busqué una explicación que encontré en su portátil, en los emails con su amante, en los que le contaba cómo tú la sustituirías en la gala benéfica, como serías su conejillo de indias, mientras ellos me engañaban... y también a ti. Tú y yo la amábamos, pero ella nos decepcionó. Y ahora el destino nos brinda una segunda oportunidad..."


Mientras me contaba todo eso, no dejaba de follarme... sus palabras penetraban en mi mente a la vez que su polla se abría paso en mi coño, cada vez más húmedo, cada vez más hambriento... ¡Mi hermana estaba muerta! ¡No podía creérmelo! ¡Y el efecto del suero era irreversible! ¡No podía asimilar que esa noticia que unas horas antes me hubiera devastado, ahora me hiciera feliz! ¿Qué era lo que me estaba pasando? ¿Porqué sólo podía pensar que él era ahora sólo mío?


Lo que estaba sintiendo era difícil de explicar. Por un lado el intoxicante placer que sentía, que aquel hombre me estaba dando, y por otro la excitación que me suponía saber cuánto estaba él disfrutando al follarme. Notaba como empujaba con más fuerza, como un animal salvaje... Volví a gritar mientras me estremecía, mientras sus embestidas eran más intensas, más profundas... hasta que estalló dentro de mí y le sentí derramarse en mi interior... un chorro profundo que me llevó de nuevo al orgasmo mientras él sonreía satisfecho.


"Al correrme dentro de ti... he acelerado el proceso y ahora vas a conservar este cuerpo para siempre", me dijo, mirándome fijamente a los ojos, del mismo modo en que yo le había mirado horas antes, mientras le hacía la mamada de su vida. Mientras, poco a poco, él sacaba su polla de mi interior, dejándome vacía y necesitada. "Puedo ser Sarah", le solté sin pensar siquiera. "Puedo ser todo lo que ella no fue para ti, porque creo que te quiero, y sé que tú la querías a ella, así que puedo hacer que me ames". Seguimos follando el resto del día, le llevé al límite una y otra vez y una y otra vez me regaló su semen caliente derramándose dentro de mí. Pasamos la noche durmiendo abrazados el uno al otro, sintiendo el calor de nuestros cuerpos.


A la mañana siguiente, cuando se despertó sólo en la cama, bajó a la cocina. "Buenos días, mi amor", le dije, mientras me miraba sorprendido. "Creo que el desayuno es la comida más importante del día, y por eso tu esposa ha decidido preparártelo". Se sentó a la mesa ante mí, sonrió y habló despacio, para que cada una de sus palabras calase dentro de mí: "Gracias Sarah... eres la mejor esposa que un hombre pueda soñar... y además, ya sabes cómo me gusta empezar el día después del desayuno." Entonces la que sonreí fui yo. Sabía que el ya había pensado en todo, en cómo recuperar mi identidad... porque ya me había convertido en Sarah en cuerpo y alma. "¿Crees que podría ser una buena madre, amor?, le dije seductora... ¿Crees que podrías dejarme embarazada?".